Nuevo Amanecer es una iglesia bajo el señorío de Jesucristo. Por lo cual, estamos comprometidos a defender la fe que fue entregada una vez y para siempre a los santos (Jud 1:3).

Las doctrinas fundamentales en la declaración de fe de Nuevo Amanecer representan lo que creemos son los elementos básicos de la enseñanza bíblica. Esperamos que todos los miembros de Nuevo Amanecer afirmen esas doctrinas.

Las doctrinas diferenciales en la declaración de fe refleja lo que distingue a Nuevo Amanecer de otras iglesias que afirmen las doctrinas fundamentales. No nos hacen ni mejor ni peor, solo una muestra distinta de la gracia de Dios (1 Pe 4:10). Estas doctrinas diferenciales marcan la forma en que Nuevo Amanecer es liderado y la dirección que la iglesia toma. No esperamos que todos los miembros abracen todos los aspectos de estas doctrinas diferenciales, pero todos los miembros deben esperar que estas doctrinas sean manifiestas en todos los ambientes ministeriales de Nuevo Amanecer, y ningún miembro puede enseñar algo contrario a estas.

Doctrina de Dios

Creemos en un único eterno Dios con una esencia manifestada en tres distintas personas: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, cada uno de los cuales es completamente Dios, y a la vez un solo Dios. Cada persona de la trinidad tiene exactamente la misma naturaleza y atributos y es merecedora de exactamente la misma adoración, honor y exaltación. La fe cristiana está enteramente ligada a la confesión de la naturaleza trina de Dios (Mat 28:18-20).

Creemos en Dios el padre, el creador del cielo y la tierra. Creemos en el Hijo, eternamente amado, pero no creado, quien se encarnó como hombre en un momento de la historia para alcanzar nuestra salvación (Jn 1:14; Heb 1:3). Él es totalmente Dios y totalmente hombre. A través de Él todas las cosas llegaron a ser y fueron creadas. Él era antes de todo, y en Él, todas las cosas permanecen unidas por el poder de su Palabra (Col 1:15-20). Él sufrió, murió, fue enterrado, resucito, ascendió y está sentado a la derecha del Padre hasta su regreso para el juicio final y la consumación de su Reino. Creemos en el Espíritu Santo quien eternamente procede del Padre y del Hijo y fue enviado por el Padre y el Hijo para darnos nueva vida (Jn 15:26,27). El Espíritu Santo une a los creyentes en Jesucristo por la fe, lleva al nuevo nacimiento y habita en los regenerados (Efe 1:13,14). El Espíritu Santo vino a glorificar al Hijo, quien a su vez vino a glorificar al Padre. Él guiará la iglesia al correcto entendimiento y rica aplicación de la verdad de la Palabra de Dios. Él debe ser respetado, honrado y adorado como Dios. La tercera persona de la trinidad.

El Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es el Creador de todas las cosas, visibles e invisibles. Como el inmortal y eterno Creador, Él soberanamente gobierna sobre toda su creación (Slm 24:1).

Doctrina de la revelación

Dios se ha hecho a conocer a sí mismo al mundo a través Jesucristo, la Escritura y la creación.

Creemos que Dios se ha hecho conocer a sí mismo a su creación. Él mismo se ha revelado a nosotros en su Hijo, la Palabra encarnada (Heb 1:1,2), en la Escritura, la Palabra inspirada (2 Tim 3:16), y en la creación (Slm 8; Rom 1:20).

Creemos que Jesucristo, el Hijo de Dios, es la perfecta revelación de quien es Dios. Jesucristo es la imagen del Dios invisible (Col 1:15), expresa el carácter mismo de Dios (Heb 1:3) y es el perfecto reflejo de Dios el Padre (Jn 5:19).

Creemos que las Escrituras, los 66 libros del Antiguo y Nuevo testamento son inspirados por la Palabra de Dios y por lo tanto no contienen ningún error en su escritura original. Estos escritos solamente constituyen la Palabra de Dios verbalmente inspirada, que es completamente autoritaria y libre de error. La Escritura es suficiente para todo lo que Dios requiere que creamos y hagamos y por lo tanto debe ser creída: Como la instrucción de Dios, en todo lo que enseña, obedecida. Como los mandamientos de Dios, en todo lo que requiere, confiada. Como la promesa de Dios, en todo lo que promete (Isa 40:6-8). Como la palabra de Dios, predicada (2 Tim 4:2). En la medida que el pueblo de Dios escucha, cree y obedece la Palabra, son equipados como discípulos de Cristo y testigos del evangelio (Rom 10:14-17).

Doctrina de la creación y la providencia

Creemos que Dios creo el mundo de la nada, y gobierna todas las cosas, en todo tiempo y todo lugar.

Dios creó el mundo entero de la nada (Gen 1:1,2; Slm 24:1). La obra creativa de Dios es una manifestación del amor presente en la unidad de la Trinidad. La creación, de acuerdo al diseño de Dios, fue buena (Gen 1:3-31).

Dios no dejo que el mundo existiera, Él hizo que el mundo existiera. Él sostiene el universo con el poder de su palabra. Y mantiene el universo unido a El mismo (Col 1:17).

Doctrina de la humanidad

Creemos que toda la humanidad es creada a imagen de Dios y posee dignidad y valor intrínseco.

Dios hizo la humanidad – hombre y mujer – en su propia imagen (Gen 1:27-30). Ellos fueron puestos aparte como portadores de su imagen, cada ser humano es sagrado. Todos los hombres y todas las mujeres, portan la imagen de Dios, están para representar a Dios en su creación (1 Co 10:31). Dios declara el orden creado como muy bueno, distinguiendo al hombre y la mujer como sus agentes para cuidar, mantener y gobernar sobre ella. Ellos disfrutan de igual acceso a Dios por la fe en Jesucristo y ambos son llamados a ir más allá de la autocomplacencia pasiva hacia un compromiso privado y publico en la familia, iglesia y vida civil. Adán y Eva fueron creados para complementarse mutuamente en la unión de una sola carne a través del pacto del matrimonio que estableció el único patrón de Dios para las relaciones sexuales del hombre y la mujer. En el propósito de la sabiduría de Dios, el hombre y la mujer no son simplemente intercambiables, sino que se complementan mutuamente el uno al otro de múltiples y enriquecedoras formas.

Complementarismo – Diferencial

El hombre y la mujer son absolutamente iguales en esencia, dignidad y valor, pero son distintos por el diseño divino (Gal 3:28). Como parte del buen diseño del orden de la creación, el hombre y la mujer tienen diferentes y a la vez complementarios roles y responsabilidades en el hogar y la iglesia. En lo relativo a la iglesia, se espera que tanto el hombre como la mujer sirvan y ejerzan el don de liderazgo, pero con unas funciones específicas dependiendo del género como la palabra lo enseña.

Creemos que por diseño, Dios designó al hombre a ejercer el liderazgo espiritual primeramente en el hogar (Efe 5:22-29), para luego ejercerlo con autoridad en la iglesia (1 Tim 3:5). Y las mujeres siendo el complemento de sus esposos logren que su familia primeramente, cumpla los propósitos de Dios y por consiguiente el ministerio que ellos tengan. En lo referente a lo ministerial, las mujeres tienen el privilegio de parte de Dios de enfocarse en levantar hijos para el Reino de Dios (1 Tim 2:15), siendo la familia el ministerio más importante y base de cualquier otro ministerio. Además, tienen la responsabilidad de enseñar a otras mujeres a vivir sabiamente, y cumpliendo el rol dado por Dios en su hogar (Tit 2:3-5).

Doctrina del matrimonio

Creemos en el matrimonio como pacto entre un hombre y una mujer para la gloria de Dios, de la forma que Dios lo establece en su Palabra.

Creemos que el matrimonio fue dado por Dios como parte de su gracia común y que fue hecho únicamente con la intención que Dios le dio (Gen 2:18-24). El matrimonio de creyentes esta para reflejar la relación amorosa de Cristo y su Iglesia, con el esposo amando a su mujer como Cristo ama a su Iglesia y su esposa respondiendo al liderazgo amoroso de su esposo como la iglesia responde al de Cristo (Efe 5:18-33). Como el matrimonio de creyentes refleja la relación de Cristo con su Iglesia, los creyentes solamente pueden contraer matrimonio con aquellos que comparten su fe y la vida regenerada (2 Co 6:14).

El término “matrimonio” solo tiene un significado y es el matrimonio establecido por Dios en el cual une un hombre y una mujer en una única, exclusiva unión, como es delineada en la Escritura (Gen 2:23,24). En esto, el matrimonio siempre es público, formal y un pacto oficialmente reconocido entre un hombre y mujer, este pacto incluye lo establecido por la ley civil para su reconocimiento, y donde excluye la vida en pareja, la cual no establece y no es equivalente al matrimonio (Jn 4:18).

Creemos que Dios odia el divorcio, permitiéndolo únicamente en caso de un pecado sexual sin arrepentimiento (Mal 2:14-16; Mat 5:32; 19:9) o por decisión de un no creyente (1 Co 7:12-15), esto incluye cualquier caso en que la conducta del no creyente ponga en riesgo la vida o integridad de la otra persona. Sin embargo, este proceso solo se debe llevar a cabo a través de una evidente búsqueda de la restauración personal, y de restauración del matrimonio, como manifestación del perdón, el cúal es la base del evangelio (Mat 18:21) En tal caso volver a casarse esta permitido con otro creyente, solamente cuando el divorcio fue según las directrices bíblicas o en caso de viudez (1 Tim 5:9).

Doctrina del pecado

Creemos que el pecado ha fracturado todas las cosas, dejando al mundo en desesperada necesidad de salvación.

A través de la tentación de Satanás, la humanidad transgredió el mandato de Dios y cayó de la santidad y justicia original (Gen 3). Ahora la raza humana entera hereda una naturaleza corrupta que es opuesta a Dios y su ley (Rom 3:9-20). Por lo tanto, todos los humanos están bajo condenación. Esta depravación es radical y penetrante. Se extiende a la mente, voluntad, cuerpo y sentimientos. La humanidad no regenerada vive bajo el dominio del pecado y Satanás (Efe 2:1-3). Está en enemistad con Dios, es hostil hacia Él y lo odia.

Doctrina de la sexualidad

Creemos que la intimidad sexual es un regalo de Dios para nuestro disfrute y la procreación únicamente en el ámbito del matrimonio.

Creemos que Dios dispuso que la intimidad sexual solo debe ocurrir entre un hombre y una mujer que están casados. Dios ordenó que no debe haber intimidad sexual fuera de un matrimonio entre un hombre y una mujer (Heb 13:4).

Creemos que cualquier forma de inmoralidad sexual como el adulterio, fornicación, homosexualidad, conducta bisexual, bestialismo, incesto, pedofilia, pornografía, cualquier intento de cambio de sexo o desacuerdo con el sexo biológico, es pecaminoso y ofensivo a Dios (Lev 18:1-30; Mat 5:28; Rom 1:26-29; 1 Co 5:1; 6:9; 1 Ts 4:1-8). El homosexualismo en particular es objeto de la ira de Dios y es una elección y no heredado genéticamente. Y esto personifica la rebelión del hombre contra Dios (Rom 1:18-28).

Doctrina de la salvación

Creemos que la salvación es por gracia solamente, a través de la fe solamente, en Cristo solamente.

Creemos que por la muerte universal a través del pecado, nadie puede entrar al Reino de Dios a menos que nazca de nuevo (Jn 3:5-8). La salvación es sólo por la gracia, a través de la fe en la sangre derramada de Jesucristo, y que todo aquel que recibe al Señor Jesucristo a través de la fe es declarado justo por Dios y se vuelve hijo de Dios (Heb 10:19-25).

Creemos que las Escrituras enseñan que la regeneración, o el nuevo nacimiento, es el acto de Dios en el cual el Espíritu Santo imparte una nueva naturaleza y una nueva vida espiritual, no poseída anteriormente, y la persona se vuelve una nueva creación en Jesucristo (Gal 2:20). A la mente se le ha dado una disposición santa y un nuevo deseo de servir a Dios, el dominio del pecado es roto, y el corazón es transformado de un amor al pecado y a él mismo, a un amor a la santidad y a Dios.

Seguridad de la salvación – Diferencial

Creemos que el creyente genuino tiene seguridad de que la salvación es de Dios, y por lo cual Él completará la obra salvífica iniciada hasta su culminación en la glorificación (Rom 8:29,30).

Creemos que cuando una persona se arrepiente de sus pecados y acepta a Cristo como su único y suficiente salvador como resultado de creer el evangelio, esta persona se convierte en hijo de Dios. Obra que no es producto ni del deseo, ni de ningún acto físico, sino que es una obra completamente de Dios. (Jn 1:12,13). Es decir, nadie nace, nadie se hace y a nadie lo hacen hijo de Dios. Y ya que Él fue el iniciador de la salvación, Él mismo nos promete que Él la culminará hasta el día de glorificación que tendrá lugar en la segunda venida de Cristo (Fil 1:6). Como garantía de esto nos selló con el Espíritu Santo para la gloria y alabanza de su nombre (Efe 1:13,14).

La garantía de Dios en el proceso se da porque este se efectúa internamente. Empezando con un cambio de corazón (Eze 36:26) y continuando con un proceso de santificación que se ve reflejado en un cambio radical de vida que no puede ser evitado, ya que es una obra del Espíritu Santo que mora en la vida del creyente genuino (Rom 8:11). Esta obra la conocemos como Gracia irresistible, es decir la Gracia de Dios obrando activamente en el corazon del creyente a traves del Espiritu Santo, la cual no se puede resistir perpetuamente, ya que el poder del Espiritu es más fuerte que el poder de la carne, lo que garantiza la sumisión de esta a la voluntad de Dios irremediablemente.

Como resultado de esta obra interior, existe una evidencia exterior que se ve reflejada en un crecimiento de amor, entrega, compromiso, obediencia, devoción y santidad por parte del creyente. Y en todo caso donde esto no sea evidente en la vida de una persona, sería una muestra manifiesta que no ha habido una fe genuina iniciada en él (1 Jn 2:19). Este reflejo interior lo conocemos como la perseverancia de los santos. La característica innata de un hijo de Dios es que este perseverara hasta el fin en la voluntad de Dios, gracias a la obra del Espiritu Santo y al cambio de corazon efectuado en el, por eso sus motivaciones quedan evidentemente transformadas hacia el Dios que antes odiaban.

Doctrina de la iglesia

Creemos que la iglesia es el cuerpo de Cristo enviado al mundo para reflejar progresivamente la gloria de Dios (1 Co 12:12-27). Creemos que la iglesia es el edificio enviado al mundo para adorar a Dios y edificar su Reino en la tierra (Efe 2:20-22). Creemos que la iglesia es la familia de Dios enviada al mundo para mostrar el amor sin condición que Dios manifiesta a sus hijos (Efe 2:19). Creemos que la iglesia es la novia de Cristo enviada al mundo para mostrar el pacto eterno hecho por Dios y la garantía de segunda venida (2 Co 11:2).

Por esto creemos que la iglesia no es una organización, sino que es un organismo vivo. No es un edificio, es cada redimido por la sangre de Cristo y la comunidad de estos cuando se reúnen para expandir el Reino de Dios, el cual no se limita al auditorio donde se realizan las reuniones dominicales, sino en cualquier lugar donde la iglesia cumpla sus propósitos mencionados anteriormente.

Dios, por su Palabra y el Espíritu, creó la Iglesia, llamando a una humanidad pecadora dentro de una relación en el cuerpo de Cristo (1 Co 12:12-31). Por la misma Palabra y Espíritu, El guía y preserva la nueva humanidad redimida. La iglesia está hecha de aquellos que se han convertido genuinamente en seguidores de Jesucristo y se han apropiado personalmente del evangelio. La Iglesia existe para adorar y glorificar a Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo. El ministerio de la Iglesia es una extensión del ministerio de Jesús en el poder del Espíritu.

La misión definitiva de la Iglesia es dar gloria a Dios haciendo discípulos (Mat 28:18-20). La Iglesia es llamada a hacer discípulos a través de la adoración, oración, enseñanza de la Palabra, práctica de las ordenanzas, compañerismo, el ejercicio de nuestros dones y talentos, la proclamación del evangelio en ambos: nuestra comunidad y alrededor del mundo.

Creemos que hay dos ordenanzas de la Iglesia. Una es el bautismo de creyentes en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo, y el otro es la cena del Señor.

El bautismo en agua es solamente destinado para aquellos quienes han recibido los beneficios salvíficos de Cristo a través del nuevo nacimiento del Espíritu Santo. En obediencia a la obediencia de Cristo y como un testimonio a Dios, la Iglesia, la persona misma y el mundo, los creyentes son bautizados en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por inmersión. El bautismo en agua es una demostración visual y simbólica de la unión de una persona con Cristo en semejanza a su muerte y resurrección. Esto significa que la forma anterior de vida ha sido ejecutada y representa vívidamente la liberación del dominio de Satanás, el pecado y la muerte.

Como con el bautismo en agua, la Cena del Señor esta para ser practicada únicamente por aquellos quienes se han convertido en genuinos seguidores de Cristo. Esta ordenanza simboliza el quebrantamiento del cuerpo de cristo y el derramamiento de su sangre en nuestro lugar y esta para ser practicada repetidamente a través de la vida cristiana como un símbolo de continua participación en los beneficios expiatorios de la muerte de Cristo. Cuando tomamos los elementos con una actitud de fe y autoexamen, recordamos y proclamamos la muerte de Cristo, recibimos alimento espiritual para nuestras almas e indica nuestra unidad como miembros del cuerpo de Cristo.

Dones del Espíritu Santo – Diferencial

Creemos en los dones del Padre (Rom 12:3-8) y los del Hijo (Efe 4:7-11) como creencias fundamentales de nuestra fe. Ademas de esto creemos que los dones del Espiritu siguen activos hoy en día. Los dones del Espíritu Santo que vemos manifestarse en el Nuevo Testamento siguen aún activos dentro de la vida de la iglesia. Estos dones no terminaron con el cierre del Nuevo Testamento o la muerte del último apóstol (1 Co 12:1-11).

Doctrina de la resurrección y consumación del reino de Dios

Creemos que Jesucristo regresara al mundo en el futuro para juzgar los vivos y los muertos.

La consumación de todas las cosas incluyen el futuro, físico, visible, personal y glorioso regreso de Jesucristo, la resurrección de los muertos y la glorificación de aquellos vivos en Cristo. El juicio de los justos y los injustos, y la consumación del reino de Cristo en el cielo nuevo y tierra nueva. En la consumación, Satanás, con sus demonios y todos aquellos fuera de Cristo, serán finalmente separados de la benevolente presencia de Dios, obteniendo eterna condenación (Ap 20:7-15), pero el justo, en cuerpos glorificados, vivirán y reinarán con Él para siempre, sirviéndole y dándole interminable alabanza y gloria. Entonces el expectante anhelo de la creación será completo, y toda la tierra proclamará la gloria de Dios, quien hace todo nuevo (Ap 21:1-5).

Reino presente – Diferencial

Creemos que Dios consumara su Reino en la segunda venida de Cristo, pero desde la llegada de Jesús a la tierra, El instauro su Reino para que sus discípulos lo extendieran (Lc 17:21).

Creemos que Dios nos manda a buscar la extensión de su Reino aquí en la tierra (Mat 6:33). Este Reino presente consiste en que Dios tenga dominio sobre cada una de las esferas de la sociedad, de tal forma que su voluntad se manifieste aquí en la tierra. El Reino presente de Dios no es una manifestación completa del mismo, pero es una muestra de lo que viviremos cuando Cristo venga, y su búsqueda servirá como entrenamiento a sus hijos para el gobierno que tendremos junto con Cristo en la eternidad (2 Tim 2:12).

Por lo cual, creemos que el hijo de Dios debe esforzarse y perseverar para usar todos sus dones, recursos, tiempos y talentos para manifestar el Reino de Dios en cualquier lugar y situación que Dios en su providencia lo permita. Sabiendo que todo lo que se haga para la extensión del Reino de Dios tendrá una recompensa, ya sea en esta tierra o en la eternidad (1 Co 15:58), por lo que un fuerte anhelo en la consumación del Reino futuro, tendrá como resultado una búsqueda intensa del Reino presente.

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